Previsión para los próximos días        

 

   

jueves, 17 de octubre de 2013

Y ahora qué...



Tres meses, desde mi última entrada, y casi el mismo tiempo desde que me hicieron la angioplastia. Que qué es eso… pues para el que no sepa de ese “palabro”, les diré que es lo que vulgarmente la gente llama “poner muelles en el corazón”, quizás les venga en mente algún conocido o ascendente familiar que le pusieron alguno de los dichosos “muelles”. Al parecer, la angioplastia es una alternativa mínimamente invasiva a la cirugía de revascularización coronaria: vamos que te introducen un catéter por una arteria hasta llegar al corazón y te colocan un stent en el estrechamiento de la arteria que pudiera haber ocasionado el infarto o con peligro de ocasionarlo.
 
Estaba claro que algo tenía, aquello no era normal, aquello de lo que ya adelanté algo en mi última crónica de aquella aventura deportiva, tras la “Quixote legend”, pero claro, quién iba a pensar que en un individuo en el que no predominan los factores de riesgo de enfermedades coronarias, podía tener una: pues sí, sí que la tengo, y digo que la tengo, porque el “recauchutado” este que me han hecho, es una reparación al daño inmediato, pero la causa que lo ha generado sigue ahí.
  
En el artículo “Inscripción: valor y precio" exponía algunos motivos que me llevaban a practicar deporte a nivel de competidor popular: y os decía que eran parte de mi personalidad, y que no creía que fuera ni mejor ni peor, sino que era una circunstancia más. Pues eso, que cuesta de asimilar que esa parte de ti la tienes que cambiar, tienes que reacondicionarte a estas nuevas circunstancias que no casan con tu arraigada personalidad.

Ahora las sensaciones parecidas a cuando acabas de salir de una lesión y vuelves a la actividad, parece que te vayas a romper en cualquier momento;  pues imaginaos cuando la lesión la tienes en tan singular sitio.

A lo que iba… ya he vuelto a la actividad deportiva, con unos kilos más de peso y aquella sensación de fragilidad; estoy dejando el pulsómetro en casa, no puedo evitar dejar de mirarlo, es otro lastre más; salgo solo, principalmente con la bici, prefiero evitar tentaciones. No puedo dejarlo, soy un “yonki” del ácido láctico, espero que no me “salten los muelles”. Miro con añoranza los resultados en las páginas de cronometrajes, las próximas carreras y fantaseo con la posibilidad de participar ¡no sé, quizás, ya os contaré!


domingo, 2 de junio de 2013

Quixote Legend







“La razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece […]

Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo, por lo menos, del imperio de Trapisonda; y así, con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentía, se dio priesa a poner en efeto lo que deseaba”

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha



Al parecer, primera “Ultra” por etapas en España; individual o en equipos de 2 personas, del 29 de mayo al 2 de junio de 2013. 5 días, 4 noches, 3 etapas; la última una “Challenge” en la que se competía por dos clasificaciones, la de ese mismo día en la que participan nuevos corredores y la general por etapas de los días previos. El entorno: Sierras de Alcaraz y Segura – Albacete (España); principalmente por sendas, caminos, pistas y en menor medida por los tramos de carretera de montaña, en total 166 km. y 7.975m. de desnivel positivo acumulado.



A simple vista, y lo poco que voy conociendo de esto del ultra fondo, pues no parece ninguna barbaridad a pesar de que se trate de una carrera en la modalidad de semiautosuficiencia; donde cada participante debe portar todo el material que garantice su seguridad y en la que únicamente situaban dos puntos de avituallamiento por etapa. Además nos facilitaban todo la logística necesaria para trasladar equipamiento personal, alojamiento -eso sí, en tiendas de campañas individuales- y manutención necesaria excepto la suplementación alimenticia que requiriéramos durante la prueba.



La incógnita: la respuesta que podía presentar mi organismo en la segunda etapa, y más aún, en la tercera; pero bueno, al fin y al cabo “La razón de la sinrazón que a mi razón se hace” y “el extraño gusto” que es el que me ha movido a iniciarme en esta modalidad de competición, que creo que es “con uno mismo”, ya que en esto de las “Ultras” es ese tu principal contendiente y aliado, en definitiva: tienes que empezar a congeniar. Lo que no calibré fue la calidad del descanso que podía brindar esta prueba en la que, entre etapas, se hacía en tienda de campaña y saco de dormir. Abrumado por la oportunidad que me brindaban, sin inconvenientes económicos y por suerte tampoco laborales, no quería negarme, a pesar de tener muy presente mi escasa experiencia en este tipo de pruebas tal y como fielmente voy dando cuenta en el este blog a modo de “Cuaderno de Bitácora”.



Llegada a Alcaraz el miércoles veintinueve de mayo, recepción y entrega de acreditaciones, dorsales y una bolsa de transporte en la que debíamos de introducir todas nuestras pertenencias para facilitar su traslado a la organización, ya que trasladarían ese único bulto por participante. Posteriormente toma de contacto con el que sería nuestro alojamiento nómada durante cuatro noches, y presentación del evento por parte de las autoridades locales y provinciales. Fue en ese acto, en el que tomaba una posición predominante el representante de la Diputación de Albacete, lo que explicaba el hecho de que en esta primera edición hubiera un gran número de participantes invitados -unos directamente por la organización, otros indirectamente producto de marketing publicitario realizado a través de diversos sorteos de revistas especializadas y participantes de carreras, como era mi caso- y el número de servicios que se ofrecían a los participantes que difícilmente pudieran quedar sufragados con los doscientos euros de inscripción que no todos habíamos pagado; lo que no dejaba duda del patrocinio del evento por parte de esta misma administración. Tras aquella presentación, la confirmación a través de la cena que nos ofrecieron, de que se habían “volcado” con la prueba. Línea continuada con el resto de catering que nos ofrecieron en los días posteriores.




Bastante más complicado veo intentar describir la singularidad y belleza del entorno por el que discurría la prueba, que relatar mi discurrir y las penurias sobrevenidas y que en días inmediatos me supusieron un problema de salud del que aún me estoy recuperando. Respecto al entorno, no puedo decir mas que el paraje conocido y visitado popularmente por aquella zona, la cascada de agua ubicada en el paraje archiconocido como “El nacimiento del Rio Mundo”, por el que pasamos casi a la conclusión de la tercera y última etapa, fue de lo menos llamativo, y si era conocido solo de oídas, cuando lo veías quedabas algo desilusionado tras haber conocido otros rincones huérfanos de fama popular.




Se iniciaba esta aventura desde la monumental plaza de Alcaraz, que es la localidad que pone nombre a esta parte de la sierra, por delante 50 Km. y 2.160 metros de desnivel positivo hasta Villaverde del Guadalimar. La primera sorpresa, ascender al Pico de la Almenara y encontrarlo con resquicios de hielo, que dificultaban un breve cresteo y su ya por si dificultosa bajada. La llegada, a una localidad rodeada de montañas, bordeada por un río de agua fresca y cristalina, que hizo las delicias de los agotados corredores, siendo el que lo relata el primero en recibir su bautismo, con un baño de cuerpo entero. Para posteriormente tomar la civilizada ducha en remolque de campaña habilitado al efecto por la organización. Tras ello, y los recomendables estiramientos musculares, comida bajo una carpa que nos aliviaba de las inclemencias solariegas, aunque no las tiendas, que resultaban inhabitables en horas diurnas. Fue esta situación, la que se daba tras la conclusión de la etapa, la que nos advirtió que la prueba no era solo correr, sino que también lo era aguantar el resto de jornada en condiciones que no favorecían el anhelado y necesario descanso. Tal y como pudimos comprobar aquella misma noche, en la que aquel mismo río que nos alivió a nuestra llegada, aportaba un plus de humedad tal, que nos veló en el interior de las tiendas, incrementando con ello la sensación de frío y la dificultad para mantener un sueño mínimamente reparador.






 Al día siguiente, ya viernes, la segunda etapa, marcada como reina, entre Villaverde de Guadalimar – Yeste (64´5 Km. y +3.015 m.). Desde el inicio subida, por unos preciosos parajes hasta alcanzar los 1600 metros de altitud, para luego realizar una transición por una zona de cierta altitud pero sin grandes desniveles antes de comenzar la larga bajada mientras nos deleitábamos con las vistas que nos ofrecía el desfiladero por cuya base fluye el río Tus, todo el entorno resultaba idílico. Hasta llegar a la Aldea de Collado Tornero que daba inicio a la cota más elevada de la prueba: pico Mentiras con casi los 1900 metros de altitud. La sensación durante muchos de estos tramos, era la de encontrarse en otra latitud mucho más al norte. Para finalizar la prueba, una interminable y bien cuidada pista forestal, desde la que nos regalaba una perspectiva del río Segura rebosante de agua y la lejana e inalcanzable ciudad de Yeste, que parecía huir de nuestra fatigosa persecución. Aquella noche, la organización plantó las tiendas en el interior del pabellón polideportivo. Acababa esta jornada en el puesto doce de la clasificación general, perdiendo cuatro puestos respecto a la primera etapa. No me preocupaba… mi único objetivo era terminar las tres etapas, y ahora, después de dos, me reafirmaba en su mera consecución, sin más pretensiones; posiblemente ya estuviera mi cuerpo “haciendo aguas”, como finalmente sucedió, y ello me minaba mis ambiciones guerreras.
 



Tercera y última etapa, la “Challenge” ideada según la organización, para los que se inician en el mundo del Trail y quieren probar nuevas experiencias: pues mal día buscaron. Yeste – Riopar (49´5 Km.y +2.800 m.) de salida, además de los algo menos ya, de cien de la prueba por etapas, otros tantos inscritos únicamente para ese día. Se notó desde el inicio la inyección de savia nueva, a pesar de los intentos de la organización de frenarlos, ya que nos colocaron delante en la línea de salida a los sufridos corredores de los días precedentes. No quiero ser reiterativo sobre la singularidad de los parajes recorridos, y máxime cuando he comenzado diciendo que estos eclipsaban, aunque por supuesto sin desacreditarlo, a el más afamado de los parajes conocidos en aquella serranía. Ya pasado aquel turístico entorno, se culminaba la subida al pico Padroncillo, visible desde la carretera y llamativo por estar coronado por unas antenas; pues bien, ahí la organización planteó un cresteo por la cima, incluida una bajada por una zona escarpada y rocosa, desechando la elección de otras alternativas más propias para “los que se inician en el mundo del trail” y los que llevan ciento cincuenta kilómetros, el caso es que aquel tramo, me apuntilló, a tal punto que me pasó lo que en otro momento de la carrera pudiera haber sido mi rendición, ya que en el transcurso de aquella bajada tuve un duro enfrentamiento con una piedra a la que antepuse mi tibia, y otra aliada de menor envergadura, pero con intenciones igual de aviesas, me preparó un revés de rodilla ocasionando lesión en algún ligamento, de cuyo diagnóstico tuve confirmación posteriormente, pero que sus consecuencias las recibí instantáneamente y las sufrí durante el resto de etapa. No obstante, quedaban escasos kilómetros y tenía la determinación de cruzar la meta, como final y felizmente hice.


 


Había conseguido mantener el puesto doce de la clasificación general individual, ducha, gazpacho manchego –muy bueno-, charla y felicitaciones a los homenajeados en el podium, y para cenar barbacoa de carne y embutidos, con toda su grasita en la que todos nos regocijamos y agradecimos. Incluso el que quiso optó a combinado alcohólico, y los que no, a dormir, esa noche, usurpando el interior de las aulas del colegio de la hospitalaria Riopar. Ya nos parecía a todos, que esta parte sobraba, teníamos necesidad de mejores aposentos, pero nuestros vehículos quedaban en Alcaraz, y no nos llevarían hasta la mañana siguiente.



En la mañana del domingo, desayuno, entrega de medallas de “Finisher” a los que no habíamos tenido el acompañamiento de familiares y amigos que pudieran habernos evitado pasar otra noche más a media vela, así como a los inestimables y sacrificados voluntarios que habían seguido toda la prueba en las mismas condiciones, regalo de las tiendas de campaña, y para Alcaraz en bus.



Ahora, al ver las fotos de los que has compartido algo más de tres jornadas, no puedes evitar añorar aquellos instantes, y completar esa imagen fija con el recuerdo de las conversaciones mantenidas, tanto en carrera, como durante los momentos de descanso en la zona de “vivac”, y si no llegaste a entablar conversación sí que sientes cierta afinidad por haber compartido el mismo equipo humano que componíamos aquel carrusel de corredores, voluntarios de Cruz Roja, organización, empleados de la empresa de “catering”, y fotógrafo que inmortalizaba aquellos instantes; a las personas nos forjan las circunstancias, y durante tres días estuvimos unidos por una común: QUIXOTE LEGEND.


"pobre viejo", y los tres villeneros -ves al tercero- ¡geniales!



Cuál fue mi sorpresa, cuando llegué a casa el domingo, y tras mi partida el miércoles con setenta y tres kilos de peso, había conseguido incrementar el peso en tres kilos más –increíble. Al día siguiente lunes, había conseguido aumentar un kilo más, ya iba por setenta y siete. Estaba sucediendo algo en el interior de mi cuerpo, tenía las piernas hinchadas, casi no pude cerrar el velcro cuando me calcé las zapatillas para salir en bici, ya que decidí seguir con mi protocolo de recuperación muscular después de un “tute”, en el que incluyo una ligera vuelta en bici al día siguiente. Fue aquella misma tarde noche, con ansia de acabar mi trabajo debido a la pesadez de piernas y mal estar general, cuando comenzaron inicialmente unas molestias en la zona del pecho, para ir incrementándose hasta el punto de convertirse en un dolor intenso y seco; me presenté en urgencias, a partir de ahí diversas pruebas: analítica de sangre y orina, placas, electro, tensión, etcétera; ingreso hospitalario, T.A.C., y otras. Al día siguiente alta hospitalaria, con la tranquilidad de que no era lo que podía haber parecido, pero estaba claro que mi corazón no había cumplido las exigencias musculares requeridas, el motivo: aún una incógnita pendiente de despejarse, a falta de otras pruebas y analíticas que en estos días me voy sometiendo. En definitiva, y como se puede entrever en la lectura, me ha resultado más duro la acumulación de cansancio por falta de recuperación, que la prueba en sí, creo que pudiera ser este uno de los desencadenantes de esta crisis, además de la acumulación de días en el consumo de bebida isotónicas y alimentación complementaria en forma de barritas “milagro”: ¡cuidado!. Está claro que no supe gestionar tres días de competición.



Respecto a la respuesta y prestaciones del material que he utilizado, principalmente las zapas, he de deciros que no me ha sorprendido en nada; el resultado ha sido el esperado: ¡fenomenal! Debido a la gran cantidad de humedad y cruce de arroyos, decidí hacer las tres etapas con las mismas zapas, ya que las condiciones desaconsejaban la utilización de otro modelo, de la misma marca, totalmente veraniego; las mismas con las que este año he hecho la Maratón Sierra Espadán, Evolution Trail, Subida al Montcabrer y ahora ésta, en total casi los trescientos kilómetros en carrera, más los que pudiera haber realizado en entrenamientos, que me resulta más difícil contabilizar. Lo único que sí os puedo asegurar es que este tipo de calzado penaliza mucho las bajadas, hay que evitar talonar y ello comporta acortar la zancada,  en detrimento de la velocidad cuando la pendiente es ostensiblemente favorable. A pesar de que en la subida resulten ventajosas, las diferencias no son tan significativas como en la bajada. En cuando al desgaste y deformación, os informaré en un artículo en el que pretendo realizar una comparativa con otras, más convencionales en esto del “trail running” para que cada uno saque sus propias conclusiones.



“Ven, muerte, tan escondida
    que no te sienta venir,
 porque el placer del morir
 no me torne a dar la vida.”

El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha








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martes, 28 de mayo de 2013

¡Qué te parece!




Hola amigos, bueno pues empieza la cuenta atrás, faltan menos de dos días para el inicio de la Quixote LEGEND Trail Race Stages, en la histórica ciudad de Alcaraz. Carrera a pie por montaña que recorrerá 166 kilómetros en tres etapas, alternando sendas, caminos y pistas forestales, superando un desnivel positivo acumulado de 7.975 metros.

Como ya os conté, con ocasión del inicio de este modesto blog, me inicié en el mundillo este de las Ultras de montaña con algo que para los grandes ruteros les puede parecer nimio pero no a un profano; la Maratón Sierra de Espadán de este pasado mes de febrero. Un mes después, “me metí pa el cuerpo, así como si no quiere la cosa” La Perimetral de Benissa; carrera épica, donde creo que hice honores para recoger el “Carnet de Corredor de Montaña”, percatándome de algo que a los más curtidos les puede parecer obvio pero que los neófitos tenemos que descubrir y es que: en estas lides el mayor enemigo es uno mismo. “De mes en mes…” y voy a por la segunda, en esta ocasión la “I EvoluTion Trail” en Moratalla; ya iba yo guardando en el zurrón y con las orejas tiesas, aunque alguna intenté, pero escamado “del baño” de Benissa, preferí pecar de prudente y fui en todo momento más expectante por mi "EvoluTión", sabiendo que era ahí donde tenía a mi principal aliado o enemigo para próximos retos.

Ya estaba decidido, correría “El Trail Solidari Ciutat d’Alcoi”, la “Pujada al Motcabrer” en la misma ciudad de Alcoy, y me pasaría a la bici de carretera, con los enemigos de “La Peña Pedal Ibense” ya que me empezaba a saturar de tanta montaña en soledad. Es este uno de los inconvenientes que he encontrado en esto de las largas distancias, que resulta difícil encontrar compañero de entrenos y más aún de carreras -gran apoyo en este terreno, el de mi can “jabalines”-. Quizás sea ese el nexo de los que nos aficionamos a estas locuras, la segregación a los que nos somete esta disciplina.

Pues no, creo que por suerte, recibí la invitación para participar en esta aventura; que sin duda para mi lo será. Acababa de terminar el “Trail Solidari”, y a escasas tres semanas comenzaba nuevamente el festival de kilómetros, bueno, da igual, yo ya había comenzado a dar pedales, un finde vuelta a Ibi-Pego-Vall d’Ebo, al siguiente más de lo mismo, este último, ciento treinta kilómetros y más de dos mil metros de desnivel +, al día siguiente la carrera de montaña “Subida al Montcabrer”, y ahora a preparar el petate para salir hacía Alcaraz.

Estaba en esas, cuando pensé que podía plantear a los ociosos visitantes de este modesto rincón literario, la posibilidad de hacer pronósticos sobre las posibilidades que atisban en este vulgar corredor popular, respecto a la empresa que tiene presente acometer, y con el fin de que tuvieran la máxima información para aventurar su juicio, es por lo que he ampliado inicialmente mi relato en pos de mostrar la preparación previa, y ahora, señalar que si algo he aprendido en esta breve andadura, es que hay que tener un sistema, el que sea, pero uno, no se puede salir a correr ocho o diez horas a la aventura –aunque parezca una paradoja- y en esta línea sigo trabajando el sistema de intruducción al minimalismo, que ya expongo en mi artículo “Paso de Controles”. Por ello, voy a seguir utilizando el mismo calzado de estas dos últimas Ultras; sin controles, ni protección, ni rollos tecnológicos de detección de piedras –la que pise que se joa. Una mochila comprada en los saldos del “Decatlon” y la ropa patrocinada por “Autoescuela San Jorge”. También me he dado cuenta, que detrás de mi, y con peor cara, entraban otros con atuendo bastante más elitista –supongo que esta forma de pensar será uno de los efectos adversos del uso y abuso de calzado minimalista, porque otros no los tengo, o bien la intención de no caer en la burbuja inflaccionista de correr y vivir por encima de mis posibilidades, ¡vamos, que me estoy preparando para dentro de nada dejar de comprar calzado, a ver si llego a fin de mes!.

Bueno ante todo, agradeceros vuestra inestimable colaboración para que pueda tener una perspectiva más objetiva de mis posibilidades reales, y de este modo valorar a su conclusión el resultado de esta aventura; que puede ser: ¡mira que te advertimos!, ¡pero tú qué te pensabas!; y todo ello, gracias al juicio que os requiero y agradezco de antemano.

Y unos días más tarde...

El resultado de la encuesta -ya cerrada- es que. ¡c..ño, si no ha votao nadie!. Gracias a los que sí lo han hecho, espero no haber defraudado.

lunes, 13 de mayo de 2013

Trail Solidari Ciutat d’Alcoi




“… y dile que he superado el cáncer.”

Fue en el Colegio de Las Carmelitas, cuando lo abandonábamos tras la ducha, al despedirme de aquellas dos voluntarias que de tan buen agrado nos recibieron y asesoraron a la llegada, y con la que me fotografié junto con el obsequio recibido como primer equipo local –un morito rechoncho, que henchido de orgullo grita eternamente “Sóc Alcoià”- ese fue el instante en el que Carmina, dejó de bromear y sonreír, mostrando un semblante que momentáneamente le evocó aquella dura etapa, con asomo de destellantes lágrimas en sus ojos, para que trasladara a un conocido común ese punto y aparte de su vida.
 
Fue un día de homenaje, recuerdo, sentimiento, por todos los que ya no están, y de apoyo a los que luchan, para que sea eso: un punto y aparte. De este modo comenzó la prueba, institucionalizando este recuerdo, con el protocolario minuto de silencio. Y… ¡por qué no! quizás fue ese mismo recuerdo, la fuerza que hizo bajar a las nubes y rendir pleitesía a los participantes, ya que tras la primera subida, quedaron a nuestros pies, mostrando un cielo azul y limpio, dejándonos maravillados a todos, a tal punto que era imposible no parar y simplemente observar.


Las mejores iniciativas son las que a todos nos pueden parecer descabelladas: organizar una casi Ultra de montaña, cuarenta y siete kilómetros y cuatro mil quinientos metros de desnivel acumulado, disfrazarla de Trail, añadir el inconveniente de concertar cuatro voluntades para poder participar y adornarla con la melaza pachanguera de solidaria. El resultado: ciento siete equipos (con cuatro componentes), deportistas de nivel reconocido, con salida y meta desde el corazón de la ciudad, “sponsor”, colaboradores, asociaciones locales y voluntarios volcados. Se nos podía haber ocurrido a cualquiera, pero casi todos lo hubiéramos descartado, menos a unos alcoyanos orgullosos de su tierra y más aún de sus gentes. ¡Enhorabuena!

La zona de Salida y Meta inmejorable, emblemática y genuinamente alcoyana, el recorrido no podía ser menos: subida al Preventori, Barranc del Sinc, Buitrera en el entorno del Parque Natural de la Sierra  de Mariola, El Salt, El Racó de Sant Bonaventura, Carrascal Fuente Roja, y para rematar el emblemático Molinar rebosante de agua.

Ya había dado publicidad al interés que tenía en participar en esta prueba deportiva, fruto de ello, recibí la llamada de Oscar ofreciéndome completar cuarteto junto con Carlos y mi tocayo Juanjo, ellos tres compañeros de salidas y entrenos, el foráneo yo; bueno todo lo que puede ser un vecino de Ibi, que de niño lo llevan “a los médicos”, de adolescente para ir “de marcha” (haciendo autostop en la Beniata, ya que lo de “Fernando Rey” estaba por venir), y que lleva años trabajando en esta localidad y mejor aún, entre sus gentes.

Quedaba solo el patrocinador, principalmente por el papel económico que desempeñaba en pro de la motivación de esta prueba, con propósito solidario de ayuda económica a asociaciones locales de familiares y enfermos de cáncer. No tuve que convencer a nadie, simplemente ofrecer esta posibilidad a Isabel, una mujer valiente y trabajadora, que orgullosa de su modesta “Autoescuela San Jorge” nos patrocinaría: ya tenía equipo, y además bendecido aunque solo sea en el nombre, de la figura más representativa de la idiosincrasia local.

Ni podía salir mal, ni podía esperar que la experiencia me resultara tan gratificante. Ya desde el inicio, en la Plaza de Dins (o como la conocemos en Ibi, en la Plaza de la Palomas), saludos a los numerosos amigos, compañeros del “Poc a Poc”, “Johnny y los tres montañeros”, Raúl del “Ricotec” y otros muchos ¡genial! La salida atronadora, sorprendido por el petardazo, que se encargó de prender el Sr. Alcalde, ¡y a correr! Ya en la subida por la calle Oliver, nos distanciábamos los tres equipos que a la postre fuimos los primeros en llegar a Meta con este orden: “Vipassana”, “Banyeruts Trails” y “Autoescuela San Jorge – Poc a Poc Alcoi”. Fue en la del Preventori, donde decidimos que de los tres, sobrábamos nosotros, prefiriendo adaptarnos a nuestro ritmo, y olvidarnos del resto. Estrategia que dependía de la consonancia de fuerzas de los cuatro, y que gracias a esfuerzo y pundonor, funcionó a la perfección.

Finalmente, ganadores absolutos: Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y “Asociació pel suport i ajuda en el tractament del Cancer” (SOLC). Y en gesto a la esperanza que representa, el más emotivo de los abrazos a Carmina.


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martes, 23 de abril de 2013

I Evolution Trail Moratalla





Esperaba quitarme el regusto amargo que me dejó mi primera visita a la ciudad de Moratalla. Fue hace tres años, con ocasión de la afamada marcha cicloturista “Sierras de Moratalla”, que no pude terminar aquejado de lo que posteriormente me diagnosticaron como sinusitis, aunque también algo tendrían que ver las “cuestitis” que por aquellos terrenos se nos presentaron. Con esta esperanza y deseo me trasladé a esta singular ciudad murciana, puerta de acceso a una de las vertientes de la Sierra de Segura.

Esta ocasión, y a pesar de la distancia, unos ciento cincuenta kilómetros, decidí hacer viaje aquella misma madrugada, por ello, y con el recuerdo de la duración de aquel primer trayecto, me puse en pie a las tres de la mañana –aunque para lo que dormí, casi hubiera sido mejor ni desarreglar la cama-. Poco antes de la cinco de la mañana, ya estaba entrando en la ciudad, pensando que iba genial de tiempo, ya que la salida estaba prevista a las seis, y que la primera estrategia del día iba a salir redonda.

La recogida de dorsales, para los que no lo habíamos hecho el día anterior, era en la misma línea de salida, en la Plaza de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Perfecto, una plaza con su iglesia sería fácil de encontrar, además es que se ve la torre de la iglesia desde cualquier punto de acceso; silueta característica del municipio junto a la torre del homenaje de su Castillo.  El problema es que la llegada estaba en el polideportivo, y sabía que la distancia entre un punto y otro era considerable, por lo que decidí ir en busca del dorsal y posteriormente dejar el coche lo más próximo a aquel polideportivo. En aquellas estaba yo, me meto por la dirección que indicaban unos paneles de información, por empinadas y tortuosas calles en busca de mi destino, estrechándose y comprimiéndome, no observando mas indicación de “Iglesia” que aquel primer panel que me animó a la aventura, eran las cinco de la mañana, no se veía un alma por la calle y los únicos espacios que pudiera haber aprovechado para estacionar el vehículo estaban ocupados por otros, así que no tuve más remedio que seguir el serpenteo de aquella calle hasta que finalmente me escupió a las afueras.

Bueno, no había que desalentarse, aún quedaba la infantería. El siguiente plan: abandonar el vehículo y atacar a pie “la ciudadela” en un mano a mano. ¡Ja, qué fácil!, no contaba que la estrechez de aquellas calles impedían la visión de mi punto de referencia, que seguía siendo aquella torre de iglesia que impasible se jactaba de ver a otros que como yo en vano la buscaban, dificultando su consecución lo intempestivo del horario con ausencia de moratalleros e indicaciones concretas del lugar. Unos nos preguntábamos a otros, y ninguno sabíamos cómo llegar, finalmente la luz de un horno de panadería me animó a interrumpir la labor de los que en el trabajaban, “a todos les pasa lo mismo, ya me han preguntado varios” –me dijo el panadero,  con tono resignado. ¡Mal de muchos…!. –pensé.

Eran las cinco y veinte de la mañana, y por fin estaba bajo aquel deseado campanario, en una plaza tipo balcón con vistas ¡lástima que fuera de noche!. ¡Y los dorsales?, los quince o veinte que estaban allí, decían que estaban esperando lo mismo, pero que no habían empezado todavía a entregarlos. Entretanto los de la empresa de cronometraje se afanaban en instalar unas “borriquetas” y sobre ellas, unos tableros que hacían las veces de improvisada mesa, todo ello mientras se excusaban por la tardanza. Mientras el resto, coincidíamos en la no poca dificultad que se nos había presentado para encontrar el acceso a aquel lugar y nos resignábamos a salir con cierto retraso tras sopesar el tiempo que podía llevarnos regresar a los vehículos, trasladarlos a las proximidades del polideportivo y regresar nuevamente a aquel precioso y recóndito lugar, que tan diligente y milagrosamente encontró aquel rayo  que por esas impactó contra el Cristo al que actualmente apellidan “del Rayo” y que tanto veneran en el municipio; quizás sería este el motivo de la decisión de una segunda residencia, y por cuya linde transcurría la competición como posteriormente relataré.

Tras terminar con aquel trasiego, y una vez ataviado, de regreso a aquella misma Plaza, tuve que reconducir a un numeroso grupo de corredores, que de la misma guisa, pero con el dorsal recogido el día anterior en el pabellón del polideportivo, empezaban a tener los mismos problemas que los recién llegados unos minutos antes. Ya en la línea de salida, algo menos de ochenta corredores, nos amontonábamos amistosamente y expectantes, aunque según informaban los organizadores esperábamos a la llegada de dos corredores que con retraso y a la carrera se incorporaban, poniendo fin de este modo a la desesperación que mostraba un compañero de los ausentes, que era quien había presentado la súplica para alargar la espera. Así pues, unos diez minutos más tarde, comenzamos esta Ultra que sobre el papel podía ser toda una aventura, sobretodo para los que como yo teníamos recién recogido el “carnet de corredor de montaña” tras concluir “La Perimetral a Benissa”, ya que presentaba algo más de distancia y desnivel; cosa que no me extrañaba después de aquella primera toma de contacto con estos parajes. Con aquella incertidumbre, inicié la salida, junto a "Sergio", otro corredor que conocí en aquellos penosos kilómetros de recorrido hacia Benissa, del mismo modo intrigado por lo que se nos presentaba.

El inicio bastante más controlado y lento que el de Benissa, se veía en el perfil que la primera dificultad la tendríamos nada más salir de la localidad, en dirección a la Sierra aledaña y concretamente a su pico, que recibe el mismo nombre “del Buitre”, o mil cuatrocientos metros le puedes llamar, que del mismo modo que aquella escurridiza torre de Iglesia, es visible desde cualquier punto de la localidad, coronado por unas antenas, y del mismo modo con su acceso dificultado por una larga y empinada subida, aunque en este caso de más de una hora de duración. Ya en su cima, las vistas que ofrece resultan impresionantes, aunque empañadas por bancos de niebla y la aún escasa luz diurna. Descrestamos por su vertiente noroeste, en una bajada que presentaba inicialmente cierta dificultad por la conjunción de desnivel y piedras tipo grava suelta, facilitando los peligrosos resbalones, para posteriormente salir a una pista de tierra sin más.


Prácticamente fuimos haciendo todo el recorrido de pista en pista, y algunos tramos de senda para enlazarlas, sin grandes dificultades técnicas, los desniveles parecían bastante accesibles para el entorno que lo rodeaba, ya que nos custodiaban cumbres y picos bastante más elevados que el trayecto que seguíamos, esperándolos “atacar” en cualquier momento, ya que pasaban los kilómetros y no creía que de otro modo pudiera salir el desnivel publicitado. El recorrido, a la espera de lo mejor, precioso, rodeado de pinos, sabinas y encinas, ambientado con niebla a media altura en gran parte del recorrido, favoreciendo una temperatura fresca que facilitaba la refrigeración de los corredores, y salpimentado con diversos arroyos que cruzamos a salto de piedra, con más o menos acierto dependiendo de la elección de paso.

Los avituallamientos bien, y con vasos de plástico –a pesar de las indicaciones previas de ausencia, según la ficha técnica- salvo los dos o tres últimos, tras despojarme en uno de los anteriores del cubilete de plástico que advertía la organización que sería necesario portar para reponer líquidos, y que me acompañó enganchado en mi mochila durante la parte de la carrera que no fue necesario su uso. Del mismo modo, portaba un silbato, que según aquella misma ficha resultaba imprescindible para afrontar con garantías de supervivencia la prueba, y que después de varias horas con el acompañamiento del soniquete que me ofrecía su “guisante” le cogí tal cariño que no fui capaz de desprenderme de el, quizás también por miedo a que me resultara necesario en los kilómetros finales ¡y por qué no decirlo!, afligido por los sesenta céntimos que pagué por el en “el chino”. Tal eran los “arreos” que portaba que quizás supusieron un plus de dificultad tal que pudiera explicar los padecimientos que llegué a experimentar, que sin alcanzar a los de mi bautismo de Benissa sí que en algún momento temí revivir.

El trayecto estaba perfectamente balizado, con sus cintas, aunque en algunos tramos bastante distanciadas entre sí, de hecho algún corredor de los cabeceros tuvo algún “lapsus” en el trazado y me pasó hasta dos veces por ese motivo, yo “iba de campo” y no me importaba mucho, y en la segunda ocasión me preguntó en la posición que estaba, y le dije que el veinticuatro, cuando posteriormente me enteré que no iba más del doce; y la explicación a tan mayúsculo despiste la tiene la información que había recibido en un avituallamiento anterior, que si estaban suficientemente surtidos de vituallas, también lo estaban de información confusa, ya que señalaban puntos kilométricos que en ningún caso se correspondían con los que recogían los “gps” de los corredores e incluso al preguntar por la posición me espetaron que iba el dieciocho, cuando estábamos en él cuatro corredores, y todo ello poco antes de que me pidiera el otro aquella información; así que… ¡yo no he sido, lo siento!.

¿Sabéis eso de lo de “la soledad del corredor de montaña”?, pues en esas estaba, cuando llego a un cruce, de pistas por supuesto, en el que había un grupo de "caminantes" –los “walking dead” me hubieran hecho algún caso- no veo cintas, sigo de frente, y me llama la atención la ausencia continuada de cintas, decido dar la vuelta y retornar a aquel cruce, y preguntar al grupo que me había visto y que estaba claro que si no me habían alertado del trayecto erróneo era porque posiblemente ellos acaban de llegar al lugar procedentes de alguna dirección por la que no discurría el trazado. Cuál fue mi sorpresa, cuando llego nuevamente a su altura, pregunto, y me dicen que habían pasado algunos corredores antes que yo, que habían hecho la misma corrección, y que cuando uno de ellos les ha informado que el trayecto se dirigía a los “Baños de Somogil”  los habían encaminado en la única dirección posible, que no era otra que una dirección distinta a la que instintivamente habíamos tomado; ¡qué güevos!. Allí  que voy, y después de unos cuatrocientos metros, en aquella nueva dirección, mosqueado porque seguía sin ver cintas y no fiándome de las indicaciones de estos “güevones”, me vuelvo, me encuentro a dos corredores más, les advierto de la situación, y decidimos arriesgarnos con la dirección que aquellos me habían indicado, y que ya no pudieron ratificar, porque ya habían “volado” del lugar. Después de aproximadamente quinientos metros, volvieron a aparecer las cintas.

El trazado discurría por el interior del Barranco de Hondares, que guía el cauce al Río Alhárabe, en los que se crean los Baños de Somogil –o eso creo-, el caso que es un paraje único, la vegetación frondosa y singular, y los “Baños” son unas pozas rebosantes de agua cristalina, que invitan al baño -lástima que el tiempo no acompañara-al parecer hay una de ellas con agua termal, dicen que está a veinticuatro grados durante todo el año, no vi indicación alguna y no estaba yo para ir tanteando la temperatura de cada una de aquellas bañeras naturales.

Nos sacaron de aquel barrando por una pista, en dirección al “Rincón del Agua”, según el detalle del perfil del recorrido que nos facilitó la organización, era el último avituallamiento, al que llegamos por un empinada senda, custodiada por algunas centenarias encinas, tras este avituallamiento, y por una pista, rodeábamos el Pico del Fraile, en la Sierra de los Álamos, que nos conducía al Santuario de la Casa de Cristo –segunda residencia, tras aquella certera descarga eléctrica-, ya era todo bajada desde aquel lugar por senda sin gran dificultad, hasta salir a la carretera de San Juan, escuchando de fondo la megafonía de Meta, en la que sabía que por el lugar de ubicación no podía estar muy concurrida, como así fue, no obstante no pude más que agradecer el calor con el que nos recibían los organizadores y colaboradores que allí se encontraban y que tras su paso y felicitaciones, te colgaban una medalla de “Finisher” para inmediatamente después indicarte que te quedaba un último obstáculo, que ya conocía de aquella frustrada marcha cicloturista, y que no era otro, que la empinada escalinata de acceso al polideportivo desde la carretera, y que resultaba quizás más dura en su bajada emulando a “chiquito de la calzada”, y tras su ascenso, como recompensa, te entregaban una surtida bolsa de corredor, al uso en este tipo de carreras: con su camiseta (muy chula), un “buff” (no de la marca), caramelos enriquecidos con vitamina C, “propandanga” variada, crema “pa el pelo” o “pa darle brillo a la testa” si no lo tienes, y la bolsa en si, que viene muy bien para meter la ropa sucia. Ya para rematar los “siempreternos” macarrones –eran los mismos que me pusieron en aquella cicloturista-, y que ya nos presentaron en el cuarto avituallamiento, y unas latas de cerveza que es lo mejor. A la paella creo que llegué pronto, únicamente vi que la ponían al fuego, el año que viene me baño en Somogil y así llego al arroz en su punto.

Finalmente, ocho horas y veinte minutos, setenta kilómetros de recorrido y mil metros menos de desnivel que el publicitado por la organización; que ¡ni falta que hacen!; y el puesto vigésimo.   Enhorabuena “Sebas Sánchez”, ¡cuídate!.